Chile Voluntario    
 
 
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Primera Parte: Antecedentes Teóricos

Antecedentes Teóricos

Como vimos en la introducción de este estudio, el voluntariado es parte importante dentro del Tercer Sector. Esta importancia no radica exclusivamente en el peso que tiene en la economía mundial o particular dentro de cada uno de los países, sino que también por su importancia como espacio de creación de valores y para la construcción de un Capital Social más fuerte. Fukuyama (1999), en su libro La Gran Ruptura, da cuenta de un gran deterioro del Capital Social en algunas sociedades contemporáneas, planteándose la pregunta del cómo reconstruirlo. “En muchos casos se trata de un proceso multigeneracional, que deja muchas víctimas en el camino a medida que las viejas normas de cooperación son destruidas sin que nada ocupe, de inmediato, su lugar” (Ibid., 1999). Para esto, las personas deberán trabajar activamente para volver a establecer normas en su sociedad. Luego dirá: “el Capital Social beneficia a la sociedad en su totalidad; el grupo de individuos que encarna el Capital Social no puede capturar los beneficios para ellos mismos y, por lo tanto, no tendrán incentivo suficiente para crearlo. Esto significa que el Capital Social debe ser suministrado por fuerzas ajenas al mercado, es decir, o bien por los gobiernos o por agentes no gubernamentales como la familia, la iglesia, las organizaciones caritativas y otros tipos de asociaciones voluntarias sin fines de lucro” (Ibid., p. 331).

Esta sección trata de profundizar el conocimiento de la acción voluntaria, buscando entender mejor sus motivaciones, funcionamientos y consecuencias, con la esperanza de que pueda ser útil para el fortalecimiento tanto del voluntariado, como del Capital Social en Chile. Durante los últimos quince años, se ha dado una gran importancia a la investigación sobre temas relacionados con el Tercer Sector, tales como el altruismo, el voluntariado, y las redes sociales. Y ha sido abarcado desde distintas ciencias, tales como la sicología social, la sociología, la economía, entre otras. Sin embargo, en Chile, es muy reducida la investigación que se ha realizado en torno a este tema (sin desmerecer los esfuerzos hechos por organizaciones tales como el Gobierno de Chile, el PNUD-Chile y PRO-Humana). Gran parte de la discusión científica ha permanecido fuera de nuestras fronteras, universidades y organizaciones sociales. Esta revisión teórica no pretende ser exhaustiva, sino más bien introductoria, esperando que pueda ser parte de un estudio más profundo alrededor del tema del voluntariado. A su vez, deja fuera una serie de aspectos y teorías que son profundizadas en otras investigaciones de voluntariado que se han realizado en Chile, y que cuentan con una exhaustiva revisión teórica (estos son los estudios en preparación de FLACSO y de Asesorías para el Desarrollo), y con el ánimo de abarcar en el espacio reducido, teorías que no han sido revisadas. Se recomienda revisar estas otras investigaciones, para tener una visión más acabada de las distintas teorías.

Teorías de Voluntariado

El Voluntariado ha sido abarcado tanto desde la sicología como desde la sociología, y será relevante hacer una revisión de ambas visiones. El psicólogo social David Myers, en el capítulo “Altruismo: Ayudar a los Otros” de su libro de Sicología Social (Myers, 1995) nombra expresamente tres teorías del “por qué ayudamos” que son aplicables al voluntariado:

a)                  Intercambio Social: esta teoría ve las interacciones humanas como transacciones que están “encaminadas a maximizar las recompensas y minimizar los costos” (p. 475). Se podría decir, comenta Myers, que las personas no sólo intercambian bienes materiales, “sino también bienes sociales –amor, servicios, información, posición” (p. 475), buscando minimizar los costos y maximizar las recompensas. Este proceso no tiene que ser, necesariamente, consciente. El sociólogo John Wilson (2000), se referirá a esta teoría diciendo que “bajo el supuesto de la ´elección racional` el actor no va a entregar bienes y servicios a otro a menos que se vea beneficiado de ello” (p. 222). Esto explicaría algunas variaciones en el voluntariado, tales como el hecho de que es más difícil conseguir voluntarios para algunos tipos de voluntariado, como el trabajo con personas que viven con VIH, por sus potenciales costos (Synder, 1999 citado en Wilson, 2000). También explica el que algunas personas sean voluntarias porque han sido ayudadas anteriormente (Banks, 1997 citado en Wilson, 2000); el que voluntarios no recompensados por su trabajo (por ejemplo, no ser reconocidos por sus esfuerzos) sean más propensos a renunciar; y que muchos voluntarios busquen beneficios solidarios, tales como el placer de socializar con el equipo de trabajo (Whutnow, 1998 citado en Wilson, 2000).

 

b)                  Normas Sociales: en esta segunda teoría que cita Myers, dirá que algunas veces se ayuda porque “algo nos dice que debemos hacerlo”. Myers agrega que “las normas son expectativas sociales. Estas prescriben la conducta apropiada, los deberes de nuestras vidas”. Luego se refiere a dos normas sociales que motivan el ayudar a otros:

á        La Norma de Reciprocidad: basándose en Gouldner (1960), Myers dirá que esta norma es la de ayudar a quienes nos han ayudado: “esta es una ley universal” (p. 480). Puede funcionar a largo plazo, pero el que rompe la reciprocidad “puede esperar rechazo”, y aquellos que no pueden devolver “se sienten amenazados y rebajados” (p. 480).

á        La Norma de la Responsabilidad Social: esta norma opera con los dependientes o con los incapaces de corresponder –niños, personas pobres o discapacitadas. Esta es la norma de “ayudar a quienes necesitan ayuda, sin importar intercambios futuros” (p. 482).

Los sociólogos J. A. Piliavin y H. Charng, en su revisión de las distintas teorías del altruismo, y basándose en los estudios hechos por Schuartz y Howard (1982, 1984 citado en Piliavin y Charng, 1990), dirán que las personas con normas morales fuertemente internalizadas y que hacen propia (o asumen) la responsabilidad social, tenderán a ayudar más que otras personas (Ibid., p. 32). Y luego, basándose en Leopreato (citado en Piliavin & Charng, 1990), dirán que la aprobación social, usada como premio a la conformidad con las normas, es “signo de que lo estamos haciendo bien y, a la vez, una promesa de futuras recompensas” (p. 49).

c)                  Teoría Evolucionista: esta explicación del altruismo se basa en que la esencia de la vida es la supervivencia de los genes (Piliavin & Charng, 1990). Los “genes responsables de predisponer a la gente a promover de manera desinteresada el bienestar de los extraños” deben tratar de reproducirse, o sino no sobrevivirían en la competencia evolucionista. De esta forma, un cierto “egoísmo genético” llevaría a dos tipos específicos de altruismo desinteresado: la protección de los parientes y la reciprocidad.

á        Protección de los parientes: nuestros genes determinan que cuidamos de los parientes en que ellos residan (padre-hijo; persona-pariente, etc.).

á        Selección de Reciprocidad: un organismo ayuda a otro porque espera ayuda a cambio. Y nuestros genes “altruistas” ayudarán a aquellos organismos donde identifiquen una conducta altruista (Ibid., p. 44-49).

Las teorías que se han revisado hasta el momento, han sido esquematizadas desde la sicología social, por Myers. Sin embargo, es necesario profundizar en otras teorías, revisadas por el sociólogo John Wilson (2000), que agregan enfoques que hasta aquí no se han abarcado. En su artículo Volunteering, Wilson hace una revisión del material publicado en la década de los 90.

Wilson divide las teorías en dos visiones. La primera perspectiva está asociada con aproximaciones más subjetivas en la explicación sociológica, dominada por la búsqueda de motivos o motivaciones en los voluntarios. La segunda perspectiva es más conductualista, asumiendo que los actores son racionales y que la decisión de ser voluntario se basa en sopesar los costos y beneficios.

a)                  Motivos, Valores y Creencias: Wilson señala que los sociólogos que son escépticos a la existencia de cualquier impulso o necesidad que pueda inspirar el voluntariado, están en un error, ya que “hablar de motivaciones es la característica clave de organización de la vida de cada día” (p. 218). Las motivaciones humanas validan o desafían las identidades; fortalecen o debilitan los compromisos (Broadbridge & Horne, 1996 citado en Wilson, 2000). Sin embargo, Wilson encuentra un mayor esfuerzo por parte de los sicólogos sociales, que de los sociólogos, en encontrar un “inventario de motivaciones del voluntariado” (p. 218). Dirá que los sociólogos, más que tratar los motivos como predisposiciones, los tratarán como constitutivos de la acción, parte del discurso que le da significado y que ayuda a modelar la conducta (Smith, 1982, citado en Wilson, 2000). Así, algunas de las razones por las cuales los adolescentes hacen voluntariado es porque sus padres les enseñaron una manera positiva de ver el voluntariado, o porque el colegio los motivó a hacer voluntariado.

b)                  Capital Humano: esta teoría está dentro del segundo enfoque, el conductualista, donde el actor sopesa los costos y beneficios de forma racional. Así, la habilidad para hacer trabajo voluntario está determinado por los recursos que se tenga (educación, ingresos, salud, trabajo...). En este enfoque, las razones o motivos de la acción no importan tanto.

La educación es parte importante del Capital Humano, y el predictor más consistente del voluntariado. Incentiva al voluntario, porque despierta la atención de problemas, aumenta la empatía y construye confianza personal (Brady, 1995 citado en Wilson, 2000, p. 220). Además, a las personas educadas se les pide en más ocasiones que sean voluntarios, lo que en parte se debe a que pertenecen a un mayor número de organizaciones, a que son más aptos para voluntariado que requieren ciertos conocimientos específicos, etc.

El ingreso o remuneración es otro factor del Capital Humano, pero las investigaciones no muestran resultados consistentes. Algunos teóricos de la elección racional dicen que el voluntariado es inverso al ingreso, debido a que el costo de oportunidad aumenta (la persona deja de ganar más dinero por hora trabajada, cuando el ingreso es mayor). Sin embargo, otros piensan que el ingreso es símbolo de “status dominante” (Wilson & Musick, 1997, p. 697-699), lo que califica a las personas para hacer voluntariado. De hecho, las personas de elevados ingresos tienden a ser tres veces más solicitadas que las personas pobres, para hacer voluntariado (Hodgintong, 1995 citado en Wilson, 2000). Esto contradice la visión anterior.

Dentro del Capital Humano, también mencionaremos la salud (Wilson & Musick, 1997, p. 699). La habilidad para hacer voluntariado, o para ayudar a los que están en necesidad, depende de las capacidades físicas de las personas. Así, las personas en buen estado físico serán más aptas para trabajar de forma voluntaria.

El último aspecto del Capital Humano que abarcaremos es el trabajo. Mucho tiempo se pensó que el voluntariado era una actividad reservada a mujeres “con tiempo en sus manos” (Wilson, 2000, p. 220), y se pensaba que el tener un trabajo remunerado era incompatible con ser voluntario. Esto podría demostrarse en el hecho de que algunos estudios muestran que los trabajadores de medio tiempo tienden a ser más voluntarios que los de tiempo completo. Sin embargo, Wilson señala que esta teoría no es tan efectiva, por dos razones. En primer lugar, las menores proporciones de voluntariado se dan entre los desempleados o dueños de casa; y, en segundo lugar, por que en las personas que trabajan tiempo completo hay un pequeño aumento en la curva de voluntariado. Esto puede deberse a que el empleo remunerado es tanto un espacio de sociabilidad como de construcción de habilidades de trabajo, lo que aumenta la probabilidad de ser invitado a hacer voluntariado.

c)                  Capital Social o Recursos Sociales: esta teoría se divide en Redes Sociales y Relaciones Familiares. Las teorías de Capital Social se originan en el pensamiento de James Coleman y Pierre Bourdieu, quienes enfatizan la importancia de los lazos sociales y las normas compartidas para el bienestar social y la eficiencia económica (Norris, 2001, p. 1-2). Luego, Robert Putnam va a expandir esta noción, ligando la idea de Capital Social a la importancia que tienen las asociaciones cívicas y las organizaciones de voluntariado para crear una sociedad civil dinámica. Para Putnam, el Capital Social está definido como “conexiones entre individuos- redes sociales (dimensión estructural) y las normas de reciprocidad y confianza (dimensión cultural) que provienen de ellas” (Norris, 2001). De esta forma, las actividades de voluntariado se insertan principalmente en la dimensión estructural del Capital Social, en las redes sociales.

En este momento, se hace necesario hacer una observación que muchas veces se omite, pero que puede llevar a un mal entendimiento del Capital Social. Nos referimos al hecho de que se suele pensar que el Capital Social llevará, necesariamente a consecuencias sociales positivas. Sin embargo, es el mismo Putnam quien señala que esto no es necesariamente así. Las redes sociales pueden reunir a personas de formas que resulten negativas para la sociedad como un todo, reforzando, por ejemplo, prácticas de sectarismo o racismo. De esta forma se puede pensar en sectas racistas como el Kuklus-klan, carteles de droga, o en los lazos de sangre de la Mafia italiana en USA, que pese a que desarrollan estrechos lazos de solidaridad y reciprocidad entre los miembro del grupo, están muy lejos de aceptar o tolerar a personas externas. Putnam hará la distinción entre las redes sociales “constructoras de puentes”, que son inclusivas y permeables, que forman conexiones entre grupos heterogéneos; y las redes sociales “excluyentes” que dan paso a las formas negativas de las redes, lo que el autor ha llamado “el lado oscuro del Capital Social” (Putnam, 2000). Algunos autores postulan que uno de los requisitos del voluntariado es que sea beneficioso para la sociedad y para el voluntario. Es decir, el voluntariado, bien entendido, es un espacio que “construye puentes”, y en ese sentido debemos lograr comprender la importancia que tienen las organizaciones de voluntariado, en su rol promotor de normas de una sana ciudadanía, de cooperación y de confianza, y tratar de desincentivar las prácticas propias del “lado oscuro” del Capital Social.

Ya habiendo hecho referencia a la relación de Capital Social y Voluntariado, se pueden revisar las dos áreas de redes sociales que abarca Wilson:

Redes Sociales. Las Redes Sociales extensivas, la pertenencia a múltiples organizaciones y una precedente experiencia voluntaria, son todos factores que aumentan las posibilidades de ser voluntario. Los vínculos sociales generan confianza y la confianza hace más fácil que demos un paso más adelante y entreguemos nuestro tiempo; también ayudan a definir el rol en las organizaciones y lo hacen más fácil de realizar; y, por último, aumentan la probabilidad de que la persona sea requerida como voluntaria (Wilson, 2000, p. 224). Las redes sociales tienden a explicar el por qué tienden a ser voluntarias, con mayor frecuencia, las personas de mayor status socioeconómico, que participan en un mayor número de organizaciones; las personas extrovertidas que conocen más personas; y las personas que asisten a misa, y que se contactan con otros (Wilson, p. 222-223).

“Los lazos sociales, incluyendo redes de amistades y de miembros de organizaciones, suministran información, incentivan la confianza, hacen contactos, proveen soporte, dan guía y crean obligaciones. Con esto impulsan normas generales de reciprocidad, desafían y animan a las personas para confiar entre ellos y aumentan la reputación” (Putnam, 2000 citado por Wilson, 2000, p 695).

Relaciones Familiares. Mucho voluntariado se realiza por, y alrededor de, la familia. Sin embargo, gran parte de la investigación ignora a la familia como unidad de análisis, subestimándola de esta forma (Wilson, 2000, p. 234). Algunos estudios han mostrado que las personas casadas son más propensas a ser voluntarias, que las personas solas; o que los niños en una familia, son o un impedimento o un incentivo al voluntariado, dependiendo de la edad que tengan estos hijos (Wilson, 2000, p. 224).

Por último, al estudiar la dimensión cultural del concepto de Capital Social de Putnam, la confianza, se observa que su relación no es tan directa con el voluntariado. Wilson señala que uno de los principales problemas de la confianza es que no es un predictor consistente de las proporciones de voluntariado, viéndose en algunos estudios que las personas voluntarias presentan mayores niveles de confianza que las no voluntarias, pero en otros estudios donde se corrigen los datos según edad, ingreso y otras variables, no se ha encontrado relación alguna (Wilson, 2000, p. 224).

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