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A Modo de Síntesis
Aunque las teorías del egoísmo
y del altruismo pareciesen ser opuestas, esto no significa
que sean excluyentes. Con esto no se está diciendo
que la mayoría de las acciones voluntarias
sean altruistas o egoístas, sino que estamos
diciendo que las motivaciones altruistas son una posibilidad
dentro de las acciones voluntarias. En qué
medida los actos egoístas pueden ser más
comunes que los actos altruistas, no serán
materia de este estudio. De hecho, Emile Durkheim
(1980) ya señalaba que con el avance de los
procesos de civilización, el egoísmo
se introduce hasta en el seno de las representaciones
superiores: cada uno de nosotros tiene sus opiniones,
sus creencias, sus aspiraciones propias (Ibid,
p. 213). Tan sólo se refuta la negación
de cualquier acto altruista.
Se puede decir que un acto altruista
siempre terminará beneficiando al que lo hace,
ya sea a través de una disminución de
la angustia que se siente por el sufrimiento del otro
(como diría Myers), una satisfacción
por cumplir con las normas (de reciprocidad o responsabilidad
social) y las expectativas externas o internas, o
por el simple hecho de dar sin esperar nada a cambio.
Mirándolo desde el punto de vista de la satisfacción
personal que le reporta al que lo hace, esto podría
llevarnos a concluir que estos actos altruistas son
en realidad egoístas. Pero también,
muchas veces, un acto solidario enfocado a la satisfacción
personal, va a terminar beneficiando a la sociedad.
Es el caso del millonario que está interesado
en aumentar cada vez más sus riquezas, para
lo cual crea grandes empresas, generando empleo y
desarrollo en un país; o el caso del político,
que para ser evaluado satisfactoriamente en su gestión,
realiza su trabajo de forma responsable y en busca
de una sociedad mejor para aquellos a quienes representa.
De esta forma, si lo miramos desde el punto de vista
del que es ayudado, estos actos podrían ser
definidos como altruistas. El límite muchas
veces se vuelve tenue y se presta para diversas interpretaciones.
Es así como una acción que beneficie
a otros será siempre egoísta si se la
mira desde el punto de vista del actor, debido a que
éste saldrá beneficiado. Pero esa acción
en beneficio de otro podrá ser llamada altruista,
si se la mira desde la perspectiva del otro, del que
la recibe, del entorno. Lo mismo ocurre con las intenciones
o motivaciones de una acción que beneficie
a otros. Si las intenciones son satisfacer el interés
propio, estas podrán ser llamadas egoístas;
pero si las motivaciones son beneficiar al otro (al
entorno), podrán ser llamadas altruistas. El
problema es que no siempre se puede distinguir entre
una u otra acción o intención. Se dirá
entonces que tanto el egoísmo como el altruismo
son dos caras de la misma moneda, donde algunas acciones
podrán ser catalogadas como más egoístas
o más altruistas. Pero llevar esto a uno de
los extremos, puede ser un error conceptual.
En este trabajo se propone, más
bien, la coexistencia tanto de acciones altruistas
como de acciones egoístas, sin desmentir que
las egoístas puedan ser, en la actualidad,
más comunes que las altruistas. Emile Durkheim,
en el libro anteriormente citado, dirá que
no se puede decir que el altruismo ha nacido del egoísmo,
ya que esos dos resortes de la conducta se han
encontrado presentes desde el principio en todas las
conciencias humanas, pues no puede haberlas que no
reflejen, a la vez, las cosas que se refieran al individuo
solo y las cosas que no le son personales (Durkheim,
1980, p. 213). Francis Fukuyama (1999), refiriéndose
a la Teoría de la Evolución, dirá
que en la sociedad no todas las personas son ángeles,
o sea, que posean una reserva ilimitada de altruismo,
de honestidad y que tiendan a poner el bienestar de
la especie por encima del suyo propio (p. 234). Una
situación como esta no sería estable,
porque ante la más mínima oportunidad
de tomar ventaja, alguna persona la aprovecharía.
Pero, por otra parte, tampoco sería estable
una sociedad en la cual todos fueran demonios,
y que de esta forma buscaran engañar y estafar
a sus congéneres en cuanta oportunidad se les
presente, ya que la introducción de pocas personas
honestas se prestaría para que estos sacasen
beneficios. Por lo tanto, lo que se deriva de la Teoría
de la Evolución es que en todas las sociedades
la población constará de individuos
que reunirán, simultáneamente y en proporciones
variables, cualidades angelicales y características
demoníacas[8].ΚΚΚΚΚ
Como veíamos anteriormente,
Brunner también postula que el cálculo
racional egoísta no es lo único que
rige a las acciones de servicio a otros, en este caso,
las acciones emprendidas desde el tercer sector. También
están presentes las consideraciones a los sentimientos
de otros, los actos altruistas. Esto no significa
que el Tercer Sector esté constituido, única
e íntegramente, a partir de motivaciones altruistas
(Brunner, 2000). Y citando a Gassler, dirá:
no todos en el sector non
profit necesitan ser santos para que éste
funcione, pero al menos unas pocas personas tienen
que haber sentido preocupación por los demás
para que pudiera empezar a existir. En este
sentido se puede observar que las dos teorías,
tanto la del egoísmo como la del altruismo,
pueden coexistir y no se excluyen. Sin embargo, dirá
Myers, todavía quedan algunos escépticos
que creen que todo es egoísta, pero otros sí
apoyan la teoría de que existen acciones altruistas
genuinas.
Por su parte, Myers va a definir
un modelo (ver Gráfico 1.3) desde la sicología
social, donde explica tanto la motivación egoísta
como la altruista, que llevan a posibles conductas.
Este modelo parte desde la percepción de la
angustia del otro. Esto nos llevará a dos posibles
emociones. Por un lado se puede sentir angustia, o
una especie de malestar, ansiedad o perturbación.
Esto va a llevar a una motivación egoísta
para reducir esa angustia propia, llevando a una posible
ayuda, para lograr esa reducción de angustia
propia. Por otro lado la angustia del otro nos puede
despertar una cierta emoción de empatía,
entendida como simpatía y compasión
por el otro, lo cual despertará una motivación
altruista para reducir la angustia del otro, llevándonos
a actuar o a ayudar (Myers (1995), p. 475-480).

Una vez revisadas las distintas teorías
del voluntariado, y habiendo participado de la discusión
de la existencia o no existencia de motivaciones altruistas
en las acciones voluntarias, será momento de
entrar a analizar la evolución del voluntariado
en Chile.
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